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Luis Lumbreras

Mi visión sobre el didgeridoo y las culturas aborígenes

 

Descubrir el didgeridoo ha sido una de las experiencias más gratificantes que he tenido. La primera vez que lo escuché fue de alguien que lo tocaba en la calle y me dije: ¡éste es mi sonido! y después de estos años de práctica casi diaria con él, poco a poco se está convirtiendo en una potente y gratificante herramienta de expresión, que además me da la oportunidad de disfrutar y compartir el sonido de un instrumento tan auténtico como el didge, con el que cada vez siento más y más libertad. A veces es como flotar...

Es un instrumento salvaje, vibrante y el hecho de que no haya realmente normas de interpretación, excepto la de cuidar la postura corporal mientras toco, hace que pueda ir descubriendo nuevos efectos y texturas sonoras que no dejan de sorprenderme. Es cierto que hay días en los que tengo la impresión de estar casi tan al principio como el primer día, pero no pasa mucho tiempo hasta que vuelve a sorprenderme.

Me pregunto qué otros instrumentos existirán en culturas aborígenes que podrían enriquecernos de la manera que lo hace el didge, o YIDAKI, como es conocido entre los aborígenes australianos. Y  no sólo instrumentos de música, sino danzas, arte gráfico, escultura, filosofía, medicina natural, espiritualidad, magia...

Es necesario tomar conciencia del valor que representan las tribus aborígenes de todos los lugares del planeta, que han de ser apoyadas y respetadas como se merecen, como dioses antiguos, que nos hablan en otras lenguas, de otras historias tan reales como la nuestra y de una sabiduría, para nosotros casi olvidada y que volvería a encender en todos esa pequeña y brillante lucecita que en nuestra cultura globalizada y sin darnos cuenta, se apaga poco a poco y nos convierte en humanos más rígidos, opacos y aislados.

Los aborígenes de cualquier tribu han sido capaces de vivir y respetar su entorno, disfrutando y agradeciendo siempre a la Madre Tierra. Esos indígenas que con los ojos de occidente son vistos a veces como "sucios", no han ensuciado su entorno jamás como lo hacemos nosotros en nuestra "avanzada" cultura, con la que ensuciamos el nuestro, el de ellos y el del resto de habitantes del mundo, provocando cada día la extinción de infinidad de especies únicas de plantas y animales; especies que de haber sido protegidas, quizás, por sus características particulares, podrían aportarnos la solución a problemas y enfermedades para las que aún no conocemos remedio.

Desde aquí hago una llamada a todos los pobladores de la Tierra para que tomemos conciencia de la importancia de respetar, valorar y reconocer estas antiguas culturas, tan ricas desde el punto de vista humano como son la mayoría de las culturas indígenas que hay esparcidas por toda la Tierra. ¡Qué historias y maneras de sentir y vivir podríamos conocer y aprender que nos dejarían con la boca abierta!

Y por otro lado ¿cuánto tiempo podremos continuar contaminando, consumiendo y malgastando recursos a este ritmo? Quizás despertemos el espíritu guerrero del planeta y con un simple chasquidito acabe con esta especie incongruente y avasalladora. Quizás somos demasiados,... quizás estamos en puertas de un gran cambio global.

Según el científico Franz J. Broswinner- ya podemos hablar de ecocidio y del paso del 'Homo sapiens sapiens' al 'Homo aesophagus colossus', "un animal de esófago gigante capaz de devorar ecosistemas enteros". Esto seguirá en aumento mientras sigamos eligiendo a líderes como Bush (ser pérfido y alevoso donde los haya), cuya idea de protección de los bosques antiguos de EE.UU. es talarlos, para evitar que la madera se incendie (¡date!). ¿Hasta qué punto el dinero puede generar ideas así de rarísimas?

Wangari Maathai

Sin embargo y afortunadamente, hay personas que son la otra cara de la moneda. Me ha impresionado conocer la historia de Wangari Maathai, Nobel de la Paz 2004, una mujer africana promotora de la plantación de más 30 millones de árboles jóvenes en Africa y que sigue trabajando, ahora desde la política, para que aprendamos el gran valor que tienen los árboles y lo necesarios que son para la vida en la Tierra.

...Como todos sabemos, la vida comenzó en el agua. Eran bacterias cuyo desecho era el oxígeno, y llegaron a ser tantas, que generaron tanto, tanto oxígeno, que se asfixiaron en su propia "basura". Se extinguieron, pero dejaron el oxígeno que hoy necesitamos tantas especies en el planeta. Quizás estemos preparando al mundo para una nueva especie que necesite nuestra basura para subsistir. Tiene su lógica ¿no?. Algún científico afirma que esos seres ya han surgido y será una subespecie creada por los humanos. Serán algo así como "biomáquinas" que en pocos años se habrán multiplicado; tendrán un aspecto sorprendentemente "biológico", no tan mecánico como sería fácil de imaginar y con una inteligencia millones de veces superior a la humana. Y plantea: ¿cómo nos tratarán a las personas, como nosotros a los animales,... a los bebés?

Meditemos... pero hay que pasar a la acción!

Luis es miembro de CHANDRA: Música étnico-experimental + arte, donde el didgeridoo es uno de los instrumentos protagonistas. Es uno de los fundadores de BÁLANDA. Asociación Nacional de Didgeridoo y Arte Aborigen.

 

 

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